turismo rural

Si te vas a perder... ...disfruta de lo que encuentres

Texto y fotografías de: Diego J. Casillas Torres

23 February 2022 | Fuente: www.miextremadura.com

Entre eso y desesperarme, prefiero disfrutar. Porque, para mí, parte del espíritu de la aventura lo compone la fortuna de equivocarme, de tratar de encontrar el rendimiento a una situación que, en principio, puede parecer poco ventajosa, para obtener una satisfacción. Conseguir pernsar así, hasta que descubrí el Mindfulness, me costó años de forja y rabia. Ahora entiendo que la contrariedad no sirvió nunca para nada porque no me permitían disfrutar de las ventajas que toda situación siempre tiene.

Si alguna vez queréis viajar desde Mérida, o desde cualquier otro lugar hasta Monfragüe, entendiendo que lo que queréis es ir a Villarreal de San Carlos o al Castillo de Monfragüe, jamás pongáis en Google Maps el destino “Monfragüe”…

… O sí, si queréis descubrir nuevos lugares y entrenar un poquito de Mindfulness. Al fin y al cabo ahí está la aventura. Lo cuento porque, la pasada semana, en mi visita a FIO, se me ocurrió hacer esto que os he contado y, todo confiado, tomé el volante y conduje en la creencia de que Google Maps me llevaba por una nueva ruta que nunca antes me había sugerido. "¡Qué bonito, qué bonito!", pensaba al pasar por primera vez por lugares desconocidos para mi. Así, desde Mérida, enruté la A66 hasta pasado Cañaveral, donde me desvié hacia Casas de Millán, obediente yo de mi dispositivo. Desde ahí debía llegar hasta Serradilla y, la verdad, no miré mucho más en el resultado programado pero no me llevaba hasta Villarreal de San Carlos que era donde yo quería ir.

 

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Justo en este punto, ví un cartel que anunciaba Carretera Paisajística, un tanto desvencijado por una nocarretera también algo desvencijada (es prácticamente una pista asfaltada) pero que se adentraba hacia una sierra que preludiaba un paisaje prometedor. Como viajaba con tiempo me permití la licencia de explorar nuevos lares y a esta nueva carretera me lancé. Realmente no me decepcionó. El paisaje resultó bonito y la carretera cumplía con la promesa anunciada en el cartel. Pasé por un pequeño embalse (Ribera del Castaño) y continúe por la carretera en la que de repente divisé un castillo. Teniendo en cuenta que iba despreocupado no caí en que estaba a la altura de Mirabel, así que no tuve más remedio que bajar para conocer la fortaleza que nunca antes había visitado.

 

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Mientras subía la sierra iba viendo algunos datos sobre el lugar. El mismo siglo en el que los españoles llegaron a América se levantaba este castillo en una posición defensiva inigualable que estoy seguro de que iba a brindarme unas preciosas vistas: la Peña del Acero.

 

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Se sospecha que el castillo debió construirse sobre restos anteriores islámicos y, aunque no hay ninguna constancia documentada, sí parece que antes del siglo XV ya existía alguna fortaleza posiblemente de origen templario. Lo único que se conoce a estas alturas es que perteneció a los Zúñiga, Marqueses de Mirabel, dueños y señores de los dominios placentinos.

 

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Cada edificio que visito me deja una reseña en la memoria que hace que lo recuerde. En el Castillo de Mirabel, la bodega construida aprovechando la roca y que conserva intacta una impresionante bóveda de cañón, me asombró.

 

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Observé a través de sus troneras en forma de cruz el paisaje y tomé algunas fotografías. Precioso lugar. Había merecido la pena el error en el trayecto.

 

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La visita al castillo es cómoda gracias a las plataformas metálicas instaladas que, además de seguridad, brindan unas bonitas vistas ya que hacen en ocasiones de mirador, tan de moda desde que Cabezabellosa inaugurase uno con vistas inigualables sobre el Jerte hace poco.

 

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Volviendo al castillo resulta curioso conocer la historia de los 13 panes, que sitúa la acción del hombre en la fortaleza de la Peña del Acero alrededor del año 1.172. Según la leyenda, Frey Lope de Zúñiga y sus tropas, que llevaban varios meses soportando el cerco almohade de Abú Yusuf, vieron como sus provisiones menguaban hasta quedar tan solo trece panes. En ese momento, algunos soldados desesperados por el hambre, exigió su ración de comida a lo que Zúñiga reaccionó pensando que, o había panes para todos o no los había para ninguno. Así las cosas, el hombre, todo bravucon, arrojó los trece panes por la muralla. Según se cuenta, los almohades al ver aquella “lluvia de panes ¿?“ se debieron desesperar pensando que en el castillo tenían comida para dar y regalar, así que levantaron el sitio y se marcharon con los trece panes a otra parte.

 

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Con la sonrisa intacta después de conocer tan inverosímil historia, iba bajando hacia el coche para continuar mi viaje. Varios buitres sobrevolaban mi cabeza y al mismo tiempo me recordaban la cita que tenía en Villarreal de San Carlos. Si quería llegar con tiempo, debía retomar la ruta cuanto antes y completar el rodeo necesario para llegar, por lo que dejo pendiente visitar de nuevo el lugar para conocer el pueblo de Mirabel y los dos árboles singulares que hay en el entorno: el Alcornoque Grueso, y el Padre Santo

 

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Y recordad, no lo fiéis todo a las nuevas tecnologías. Dejad algo para la improvisación y sed felices.

 

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