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  • 10 Feb 2026

Cuando el río suena...

texto y fotografías: Diego J. Casillas

09 February 2026 | Fuente: www.miextremadura.com

Reza el refrán que… agua lleva. Y sí, es una perogrullada como la copa de un pino si no le buscas segundas intenciones. Hoy voy a tomarlo literalmente. Llevo un montón de días confinado por causas meteorológicas, viendo imágenes de desbordamientos y catástrofes varias, harto de bajar cada día a ver si el río ha dejado de cubrir el badén… y mi lado positivo se empeña en buscar la parte buena de esta lluvia. Que la tiene. Que la tendrá.

cuando el rio suena

Es domingo. Me he levantado hace poco al son de las nueve campanadas de la iglesia y me debato entre echar el primer tronco del día a las brasas que han sobrevivido a la noche o salir pitando con el coche buscando esa parte positiva de la lluvia, la belleza que ha podido dejar aquí y allá. Le pregunto a Passepartout que aparece sonriente con dos tazas de café y, claro, la respuesta está clara “¡Vámonos!”.

En apenas media hora el motor del coche ruge después de una semana de inactividad, con brío, con alegría, como un potrillo que se alegra de poder corretear por los campos. Y nos lanzamos hacia el norte, porque el norte es bien, tanto como el sur, el este o el oeste, pero en el norte está Alcántara que es el primer lugar que se me ha venido a la cabeza.

El camino es un bálsamo para el sentimiento de encierro. El verde salpica todo el recorrido y el agua se manifiesta por todos los lugares por los que pasamos. Las charcas de Malpartida de Cáceres y las de Arroyo de la Luz están soberbias. Los arroyos aspiran a algo más, con ínfulas de querer llegar a ríos y los ríos también quieren ser mayores inundándolo todo a su paso.

En la radio suena “Fairytale of New York” de The Pogues y por un momento soñamos con lugares lejanos.

- Parece Irlanda (dice Passepartout)

- Cierto, el verde es distinto.

- Es verde irlandés (insiste Passepartout)

Y discutimos un rato sobre si el verde es irlandés o extremeño, si es vasco o "verde serena", y llegamos a la conclusión de que el verde no tiene nacionalidad, solo tiene vida y razón de ser.

Hemos aparcado frente a la Iglesia de San Pedro de Alcántara porque quiero llevar a Passepartout a mi lugar favorito secreto (que ahora dejará de serlo) de Alcántara. El mirador que hay junto al convento (Mirador del Puente) https://maps.app.goo.gl/r7HZZLVLn7vkzAML8 y está junto al Convento de Sancti Spíritu. El ruido del agua es casi atronador, vibrante, continuo pero imponente.

cuando el rio suena

Las vistas desde este lugar son especiales. Abajo, el puente. Bueno, ahora los puentes desde la reciente finalización del nuevo que dará el merecido descanso al bimilenario y archiconocido Puente de Alcántara. Pero también el río, la presa, las montañas y el cielo. El espectáculo está ahí. Solo hay que disfrutarlo. O quizá solo hay que saber disfrutarlo.

Caminamos descendiendo por un camino empedrado que se anuncia como calzada romana para llegar, casi paralelos a una cascada de agua que hoy está preciosa, hasta la plataforma que hay al extremo sur del puente, del lado de Alcántara. Ahí aprovechamos para hacer algunas fotografías y dejarnos admirar por ese sonido del agua que me recuerda lo absolutamente insignificantes que somos ante el poder de la naturaleza.

cuando el rio suena

He contado otras veces algo que en estas circunstancias me viene siempre a la cabeza. Cuando visité Caracas me sorprendió una frase en un muro escrita con grandes letras doradas y atribuida a Simón Bolívar tras el terremoto de 1812 que decía: “Si se opone la naturaleza, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Me sorprendió por soberbia y engreída. La frase, no obstante, tiene varias interpretaciones que dejo a tu curiosidad, pero me impactó y sigo recordándola cada vez que veo cosas como mil ciento setenta metros cúbicos de agua cayendo cada segundo 108 metros de altura. Sí, impone.

cuando el rio suena

La curiosidad me pica y hoy, que hay ganas de caminar y el día parece acompañar, vamos a cruzar por un puente hacia la otra orilla y de vuelta por el puente nuevo. La plataforma peatonal no está terminada pero será un escándalo cuando lo esté. Es increíble la cantidad de gente que ha sentido la misma curiosidad y está haciendo fotos desde el arcén sobre el puente nuevo.

cuando el rio suena

El mirador de la presa está “abarrotao”. Nunca había visto tanta gente allí. De hecho creo que nunca he visto más de dos o cuatro personas sobre él. Subtitulo a lo Sabina la imagen en mi cabeza con aquello de “Vengan pequeños y grandes y no olvidarán jamás, el fabuloso espectáculo que les voy a presentar…”. Y es que hay padres, madres, abuelos, nietos, hijos…, todos admirando el salto de agua.

cuando el rio suena

Recorremos hasta el final el puente nuevo y vamos a continuar carretera arriba para probar suerte en el restaurante de la Hospedería e intentar comer allí. Como todo es aventura imprevista, lógicamente sin reserva, la fortuna nos veta los manjares del menú y decidimos probar con otra opción no menos mala aunque sí diferente, el mítico Lisboa, en La Pera. Y allí Jerónimo nos atiende a las mil maravillas, y disfrutamos de una gastronomía muy de la tierra, huevos de corral con jamón ibérico, oreja con tomate, croquetas de patatera… uff.

De vuelta al coche vamos por la Calle de Cuatro Calles que, sin gente, se me antoja rara. Es la más bonita, la más empinada, la más curiosa y la más alegre las tardes de pasacalles del Festival de Teatro que cada verano da vida a este lugar. Llegamos a la Iglesia de Santa María de Almocóvar, uno de los mejores ejemplos del románico extremeño y finalmente alcanzamos el coche. Saliendo del pueblo hacemos una última parada porque Passepartout no puede irse sin ver la fachada del Palacio de los Marqueses de Torreorgaz ni tampoco la del de los Roco Campofrío, ambos en la misma plaza de La Corredera.

Hoy reinterpreto eso de que “cuando el río suena, agua lleva” como que algo tengo que hacer con la sangre que me corre por las venas. Si me corre, me suena y me resuena, y ese hormigueo que me produce se traduce en la necesidad de viajar, ir donde sea, ver, mirar, fotografiar, respirar, oler. Soy, somos, afortunados por vivir en una región con tantos contrastes como Extremadura. Hoy mismo he venido a Alcántara pero podría haber ido a ver desaguar la presa de La Serena, o la nieve en el Pico Villuercas o en el Puerto de Honduras. Dentro de unas semanas disfrutaremos del sol, la vegetación romperá sobre la tierra y la vida de millones de seres eclosionará en un espectáculo único, solo “vivible” en el mundo rural. ¿Te vas a quedar en casa?. No lo hagas. Mira, te doy más motivos:

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