Turismo

El arte de saltar

Hay una preciosa canción, del disco "El arte de saltar", de El Kanka que dice: “Volar, lo que se dice volar, no vuelo. Pero, desde que cambié el palacio por el callejón, desde que rompí todas las hojas del guión, si quieres buscarme, mira para el cielo. Pero, desde que me dejé el bolso en la estación y le pegué fuego a la tele del salón, te prometo, hermano, que mis suelas no tocan el suelo. Solté todo lo que tenía y fui feliz. Solté las riendas y dejé pasar. No me ata nada aquí. No hay nada que guardar, así que cojo impulso y a volar.”

Y, verdaderamente, con los tiempos que corren solo hay dos opciones: dejar los pies en el suelo y vivir amargado o elevarse con cierta dosis de insensatez para buscar la felicidad. Y la segunda opción, es la que más me convence en este momento.

Desde que yo dejé los pies en Zarza Capilla para subir a Las Poyatas hace casi dos años he vuelto a soñar varias veces con subir de nuevo porque este es el cielo, donde se ve el "color serena". Y hoy lo hago para ver volar a otros. Esta vez literalmente porque el 28 de Julio ha comenzado aquí el Campeonato de España XC de Parapente.

Después de que se acondicionase la rampa de despegue que existe en la sierra desde hace años, el cambio de la componente del viento hizo que, a última hora, los operarios municipales tuviesen que acceder a la casi inaccesible cima para habilitar dos más con orientación contraria. Así, los saltos que se realizaron tomaron inicialmente rumbo hacia las provincias de Córdoba y Ciudad Real para volver a la de Badajoz y trazar una ruta con el viento de cola que llevó a algunos a alcanzar las proximidades de Piedrahíta, en la Provincia de Ávila, a poco más de 190 kilometros en linea recta.

Durante el briefing, antes del despegue, se reparten a los treinta y cinco participantes localizadores que permitirán realizar el seguimiento de su vuelo. Se les dan instrucciones para que, cuando aterricen, lo comuniquen para que un vehículo pueda rescatarlos desde el lugar donde se encuentren. También qué hacer si algo va mal, aunque nadie se pone en esa tesitura porque todos quieren volar felices. Y así lo hacen salvo un pequeño contratiempo de uno de los pilotos que lo dejó anclado a unas carrascas nada más salir. Otro cayó a unos kilómetros porque no consiguió coger la necesaria corriente de ascenso (térmica) y así sucesivamente.

Los más afortunados, experimentados y avezados pilotos (y pilotas, porque hay tres chicas), consiguen alturas que rondan los 3.500 metros. Si no lo hacen, es imposible conseguir una larga distancia.

Me cuesta ver cómo los participantes se abrigan. La temperatura aquí arriba, aunque para ellos será aquí abajo (Las Poyatas tiene una altitud de 852 msnm), es hoy de unos 37 grados. Pero claro, hay que tener en cuenta que los plumas y los chalecos acolchados, los guantes, protecciones de cuello, pasamontañas… no van a sobrar porque la temperatura baja 6,5 grados por cada 1.000 metros de ascenso. Quienes vuelen a 3.500 grados estarán a unos 14 grados más o menos.

Después de saltar el último participante volvemos a la base, abajo, en el Albergue de Zarza Capilla, desde donde se realiza el seguimiento de cada piloto para enviar los vehículos al rescate una vez hayan aterrizado. Y así, o parecido, volverá a ser mañana día 29, cuando salten desde La Cabeza de la Almagrera, en Cabeza del Buey, a 732 metros, o pasado mañana, el día 30 cuando previsiblemente lo hagan desde la Sierra del Bajo, en Arroyomolinos de León (Huelva), a 840 msnm. Y es que este año hay demasiados condicionantes que obligan a repartir los saltos desde varias ubicaciones. El viento cambiante, el humo de los grandes incendios, las temperaturas…

Me quedo mirando los pájaros de plástico desde el suelo al tiempo que cruzo los dedos para que la edición de 2027 sea más propicia para este pequeño pueblo que tanto tiene que ver con el aire y el vuelo libre.

 

Gracias infinitas a Carlos Palacios, Presidente del Club FlyBadajoz, por todas las facilidades, por seguir creyendo que la gente puede volar y por hacerlo posible.