Turismo

Las Alfombras de San Vicente

Yo, que llevo camino de ser más viejo que el pecado, recuerdo que el día del Corpus Christi, en Mérida, las calles del centro se alfombraban con juncias y los niños y niñas que habían hecho la comunión ese año, procesionaban por ellas. No sé por qué razón yo no lo hice, a pesar de que me obligaban a ir a misa los domingos.

Nos guste o no, nuestra cultura está repleta de costumbres religiosas. A mí no me molestan, al fin y al cabo, me bautizaron católico pero luego, ya sabemos, que del dicho al hecho… Me encantan las manifestaciones del tipo que sean y vengan de donde vengan siempre que sean respetuosas con las personas y, en general, los seres vivos y sus derechos. Ademas, hace tiempo que las celebraciones religiosas dejaron de estar provistas exclusivamente de fervor para convertirse en fiestas turísticas. A saber, y de nuevo digo nos guste o no: la Semana Santa, las Navidades, y el Corpus, claro.

Hoy vengo a hablarte sobre la fiesta del Corpus en San Vicente de Alcántara. En los años ochenta, algunos vecinos de la actual Calle Cañada Real, entonces Calle Larga, se emperijolaron en emperejilar el pavimento con motivo de la fiesta. Ya se sabe… hay tres jueves en el año que brillan más que el sol: jueves santo, Corpus Christi y el día de la ascensión. Para ello tapizaron la calle con un gran alfombra que recreaba coloridos motivo florales y geométricos. La cosa gustó a los vecinos de las calles aledañas y en unos años ya eran varias las calles que adoptaron la costumbre de decorar el pavimento. A todo esto, la procesión del corpus, pasaba por esas calles con lo cual el jolgorio y la vistosidad estaban garantizados y en unos años la fiesta había adquirido sello propio y se había incrustado de lleno en la identidad de San Vicente.

En 2011 obtuvo la declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional de Extremadura. El año pasado contaba con un amplio programa de actividades que se desarrollaban desde el jueves hsta el domingo y este año tiene el ojo ya puesto en la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional.

El domingo, de madrugada, unos ochocientos vecinos comenarán a dar color a las calles. Para ello utilizan serrín de corcho y madera tintado con los diferentes tonos y colores que utilizarán en cada alfombra. Todo está organizado, los dibujos a escala en folios, qué colores van en cada lugar, quién los va a aplicar. Todo es milimétrico.

El resultado es increíble. El color se mete por los ojos y va directo al cerebro. Los visitantes y vecinos de San Vicente, antes de la procesión, recorren las calles engalanadas contemplando las efímeras obras plásticas que en unas horas habrán desaparecido hasta el siguiente año. Solo pueden ser pisadas por los participantes en la procesión.

Los número: 4.000 kilos de virutas de madera, 600 de serrín de corcho, 2.500 de sal, 5.000 litros de tinte… Los vecinos que participan esperan en sus calles para recoger la recompensa que viene dada por la contemplación y el asombro en los visitantes. Si vas por primera vez, como me ocurrió el año pasado, la sorpresa es mayúscula. Te recomiendo ir a buena hora, por la mañana, para evitar el calor, las aglomeraciones y la destrucción tras el paso de la procesión que habitualmente viene siendo a las 13:00 horas.

Y ahora, algo que no te contará la IA. Estar a principios de junio, en San Vicente de Alcántara, por la mañana temprano, tiene un plus añadido. Esa mezcla de las primeras luces junto con el aire todavía fresco que transporta el aroma a hierba de los pastizales cercanos es una de las sensaciones más indescriptibles que puedas sentir. Ese es el olor a verano, el olor a calma y a vida, una esencia que no vas a poder olvidar y que se te va a quedar grabado en la corteza olfativa para siempre.

No digas que no te avisé con tiempo. Dentro de seis días, en San Vicente de Alcántara (Badajoz).

¡Ah!, Bonus... Como complemento, para redondear el día y mitigar el calor, te voy a regalar el plan completo: Continúa el recorrido hasta Portagem, junto a Marvao, en Portugal. Son 33 kilómetros los que te separan de disfrutar de una increíble piscina natural y la gastronomía rayana a orillas del Río Sever.