Destinos

Medellín. Un viaje en el tiempo.

El título no engaña, os lo aseguramos. ¿Estáis preparados?

Y es verdad. Este cerro que resalta en la vieja llanura, hoy regadíos de maiz y arroz, es una verdadera caja de sorpresas. Un parque temático para los arqueólogos de raza. Concentrar en este promontorio restos desde el Paleolítico, pasando por el Neolítico, la Edad del Cobre, la del Bronce, después fenicios y griegos que encontraron en el lugar un punto estratégico para el comercio de artículos exóticos, lo que aún se llama Tartesos, romanos, llegados de la mano de Quinto Cecilio Metelo Pio. Visigodos, musulmanes, cristianos. Incluso la Guerra de Independencia dejó su impronta derribando y arrasando por completo la mayor parte de la población que se asentaba en la ladera del cerro. Punto estratégico durante la Guerra Civil Española ...

 

 

Y es verdad, algo debe tener este lugar capaz de atraer tantas civilizaciones y tantas culturas. Nosotros nos hemos conformado con ir a visitarlo, con la clara intención de mostrároslo. 

 

 

Y empezamos a subir dejando atrás la Parroquia de San Martín, donde fuese bautizado el mismísimo Hernán Cortés, para dirigirnos a la iglesia edificada sobre parte del frente escénico del Teatro Romano y que actualmente es Centro de Interpretación.

 

 

Una sencilla museografía nos presenta las piezas recuperadas de la escena del Teatro Romano.

 

 

Una vez visitado el centro, accedemos al Teatro Romano por la entrada lateral que nos lleva al pie de la escena. 

 

 

La vista es increíble. El Castillo coronando el cerro sobre el que se asienta el graderio ¡intacto! en su casi totalidad.

 

 

La disposición de este teatro en la ladera nos hace soñar con teatros griegos en otros lugares, a la vez que intentamos imaginar cómo serían las representaciones teatrales de la época.

 

 

El edificio es imponente, y la imagen con el castillo coronando el cerro aumenta su grandeza.

 

 

Desafortunadamente el frente escénico del teatro no se ha conservado. Es posible que fuese desmontado, al igual que los sillares que faltan en el graderío para construcciones de épocas posteriores que se ubicaron en el mismo lugar. 

 

 

No obstante, el estado de conservación de las gradas sobrecoge. El suelo de la orchestra también se ha conservado en buena parte.

 

 

Abandonamos el teatro para ascender por un camino empedrado hasta el castillo.

 

 

El castillo, originariamente fortaleza musulmana, sufrió sucesivas reformas y ampliaciones. Sabemos por Al-Bakrí que ya existía en el siglo X, aunque probablemente con otra forma.

 

 

En 1234 es conquistado por las tropas de Fernando III "El Santo", quienes se hacen con la totalidad de la población, arrebatándoselo a los musulmanes.

 

 

No será hasta el periodo que va desde los siglos XIV al XVI cuando el castillo alcance su aspecto actual o más o menos parecido. Es entonces cuando la población de Medellín comienza a extenderse por la ladera del cerro extramuros del castillo.

 

 

De época islámica nos quedan algunas estancias como este aljibe.

 

 

El punto en el que se encuentra construido y la posición que le da a la cima le confieren un valor estratégico único que fue bien aprovechado durante todas las épocas.

 

 

Las dos torres principales del castillo se encuentran unidas y comunicadas por un muro "diafragma" que fracciona en dos el recinto amurallado facilitando el tránsito de tropas entre ambas torres.

 

 

Durante la guerra de sucesión de Isabel contra su sobrina Juana la Beltraneja, Medellín fue condado cuyo titular fue Don Rodrigo de Portocarrero. Al morir este, su hijo reclama el título que pretendía ostentar la viuda de Portocarrero, Beatriz de Pacheco originándose una controversia entre ambos. Beatriz de Pacheco, decide por ello encerrar en las mazmorras del castillo al hijo rebelde durante varios años. Existe la leyenda de que este cautiverio inspiró a Calderón de la Barca años más tardes al crear a Segismundo en "La Vida es Sueño"

 

 

El castillo encierra otra particularidad y es el de haber servido como cementerio local. Aún pueden contemplarse en los muros restos de la cal de los arcos de los nichos adosados.

 

 

Posee un segundo muro a modo de barbacana que se conserva en buen estado en la mayor parte del perímetro amurallado.

 

 

Desde cualquier punto se brindan unas vistas espectaculares, no solo del paisaje rústico, sino de la población de Medellín.

 

 

El sol comienza a caer y decidimos iniciar el descenso hasta Medellín, donde hemos dejado nuestro vehículo. Por el camino, rodeando la barbacana del castillo podemos apreciar el monumental puente de origen romano y reconstruido varias veces a lo largo de la historia.

 

 

Nos encontramos con la muralla romana, lo cual nos aproxima a la dimensión aproximada de la población que Quinto Cecilio Metelo Pio fundó entre el 78 y 79 antes de Cristo.

 

 

Disfrutamos de esta última luz apreciando distintas vistas de la fortaleza.

 

 

 

 

 

No podemos hacer otra cosa más que recomendaros la visita además de mostraros estas fotografías. Hará las delicias de cualquier persona curiosa. La visita por la tarde, después de haberla hecho por la mañana, para nuestro gusto, gana en belleza y nos da la oportunidad de reponer fuerzas en cualquiera de los establecimientos de la población antes de iniciar la vuelta a casa.