Cultura

Algo más que un retablo

El arte sacro, seas o no católico creyente, es algo verdaderamente admirable. Contemplar un retablo o unos frescos es como ver un cómic u ojear una revista. Misma necesdidad de expresión y comunicación. Una historia contada paso a paso.

Llueve, llueve y llueve. Y no para de llover. Hoy me he levantado pensando que se nos fue la mano con la virgen de la cueva, el indio de la danza de la lluvia o las invocaciones a San Isidro Labrador y el santoral completo. En fin. Hace poco llorábamos por el agua y este año parece que terminaremos invocando a San Adjutor de Vernón, el santo patrón de los ahogados. Hasta me parece un chiste pensar que me he acabo de comprar una barca neumática y que a este paso terminaré usándola a la puerta de casa. La tierra parece que no traga más y en cuanto pisas fuera de un camino te hundes hasta los tobillos. De todas formas no veo yo una Venecia en Extremadura, que va.

El caso es que con un día gris parece que solo se te antojan pensamientos grises y hoy tengo que contarte algo. Parece que todo tiene relación, y así tiro del hilo que me lleva a pensar que como desperté pensando en una virgen (la de la cueva), te llevaré a conocer una iglesia que me tiene loco desde que conseguí entrar en ella, con sus santos, vírgenes pero sobre todo con su retablo.

Vamos, que se hace tarde y tenemos que llegar a Calzadilla de los Barros (Badajoz, aprox. 700 hab.), población del suroeste extremeño enclavada en la comarca de Zafra Río Bodión, en plena ruta hacia Sevilla por la Autovía Ruta de la Plata y que, a juzgar por su toponimia, su origen debió estar relacionado con la existencia de alguna mansio romana de la extensión de la Vía de la Plata, ya sabes iter ab Emerita Asturicam, entre Emerita Augusta e Italica.

Conseguí ¡por fin! entrar en la iglesia haciendo trampas. Era Miércoles de Ceniza (2025) y una señora me advirtió de que había misa de 7 así que… agarré trípode y cámara y me colé dentro de la iglesia con la antelación suficiente. Allí una devota, mayor también, se afanaba en encender algunas velas con una caja de cerillas. El rasgueo del fósforo era lo único que rompía el imponente silencio de la nave central. El chasquido y chisporroteo que seguían resonaban con eco en el enorme vacío de aquél lugar, como si fuese una gran cámara de efectos especiales. Cada nueva llama alumbraba la cara de aquella mujer en medio de otro vacío oscuro mientras que, con ambas manos protegía el fuego para llevarlo a cada cirio.

- Buenas tardes. Necesitaría hacer algunas fotografías de la iglesia. Sé que hay misa pronto pero no tardaré mucho si no tiene inconveniente.

La feligresa me miró sin aire de suficiencia, como sí suelen hacer otras en otros lugares, y me dijo que podía hacer las fotografías que necesitase y que, incluso, si era necesario encendería más luces.

- No, esta luz está bien, señora. Muchas gracias.

Y ahí me puse a contemplar y disparar sabiendo que no tenía mucho tiempo pero que, también, era una solemne estupidez estar allí y no disfrutar de todo lo que me estaba siendo revelado. ¿Y qué era aquello?

La iglesia, según consta en la información que encontrarás, fue construida entre los siglos XV y XVI. Me inclino a pensar que fue a finales del XV porque también he encontrado una primera referencia al templo que hicieron miembros de la Orden de Santiago al visitarla en los últimos años del siglo XV. El estilo constructivo es gótico mudéjar recordando a la mayoría de las iglesias de la zona.

Hasta aquí lo habitual en cualquier iglesia de quinientos años. Lo hermoso es que contiene un retablo mayor fechado entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, que contiene 28 pinturas ejecutadas por Antón de Madrid, del que no he encontrado más referencias salvo que vivió una época en Zafra, donde tuvo taller del que salieron trabajos con frecuencia para la Orden de Santiago, Alange, Fuente de Cantos, Usagre y Ribera del Fresno, entre otros. Por desgracia no se conserva ninguno.

La antigüedad de estas tablas convierten al conjunto en uno de los más importantes de la pintura tardomedieval de Extremadura, con gran toque gótico tardío y tímido incipiente del renacimiento. Relatan episodios de la vida de Jesús, infancia, pasíon, muerte y resurrección. Estos pasajes se encuentran desordenados lo que probablemente indique que fueron desmontados y vueltos a montar sin ningún cuidado en algún momento de su historia. Y esa importancia es la qu le ha conferido la consideración de Monumento Histórico Artístico Nacional.

Ahora el sonido del encendido de la cerilla ha sido sustituido por el click artificial del obturador de mi cámara y mis pisadas que, por más que intento que sean silenciosas, dejan rastro sonoro sobre el piso de baldosas hidráulicas.

Me pierdo por rincones, observo detalles. Me paro en la imponente pila bautismal que leo es del siglo XVI pero que no me cuadra porque ya la nombraban en su visita los caballeros de la Orden de Santiago o quizá no se tratase de la misma. También pienso en el origen de los barrotes de las rejas macizas, claramente martilleadas en una forja hasta conseguir su forma y que, a juzgar por la apariencia y factura, deben tener unos cuantos siglos, quizá tantos como las pinturas.

Lo inevitable en esta vida siempre es la muerte y termino mi visita en silencio. Busco con la mirada a la parroquiana que me recibió antes de abandonar la iglesia pero no la encuentro porque ella también es silenciosa. Estará tratando con mimo algún rincón del templo que, sin duda, considerará más importante que su propia casa. Razón no le faltaría en el sentimiento.

Al salir, mientras hago una fotografía 360, llega el párroco, de mediana edad, con un vehículo reciente, con vestimenta actual, no le delata ningún alzacuellos y es risueño y amable en honor la alegría de los cristianos. Nos saludamos, muestra interés por el artefacto fotográfico encaramado en lo alto de un palo de 3 metros y le cuento. Sonríe. Yo creo que piensa algo así como “¡A dónde vamos a llegar!”. Acto seguido “agila p’adentro la iglesia” con unos chavales que acaban de llegar buscando ganarse puntos para las catequesis.

¡Me retiro, circunspecto, cabizbajo, reservado, mesurado, prudente, discreto y reservado y me voy pensando  en que quizá el cura tenga razón si ha pensado lo que yo creo que ha pensado: cómo ha cambiado el mundo entre las pinturas de Antón de Madrid y la última fotografía que acabo de hacer en tan solo 500 años. Total… dentro de 500 años las pinturas del bueno de Antón seguirán funcionando porque no van a baterías, mi truño360 no lo hará y seguro también que mis fotografías tampoco se conservarán. En fin, cosas de la vida moderna.

Iglesia Parroquial del Divino Salvador.  Calzadilla de los Barros.

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